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Mg. Gustavo Fadda

Por Angélica Herrera Muñoz. Ph.D (*)
El fútbol mueve pasiones, pero también mueve mercancía, capital y cadenas de suministro de una complejidad sin precedentes. El Mundial de la FIFA 2026, que se celebrará del 11 de junio al 19 de julio en 16 ciudades de #EstadosUnidos, #México y #Canadá, no es únicamente el torneo más grande en la historia del deporte: es también un sistema económico temporal que operará durante 39 días a escala continental. Por primera vez en la historia, un Mundial se disputará en tres países simultáneamente, con 48 selecciones, 104 partidos y aproximadamente 6.5 millones de asistentes distribuidos entre las tres naciones anfitrionas (El-balad). Entender su dimensión comercial y logística es tan estratégico para las empresas como entender el fixture lo es para los aficionados
El tamaño del tablero
Las cifras que rodean al Mundial 2026 no son incrementales respecto a ediciones anteriores: son de otra categoría. Un estudio conjunto de la FIFA y la Organización Mundial del Comercio proyecta que el torneo generará 6.4 mil millones de dólares en gasto turístico solo en Estados Unidos, y que los 185,000 empleos asociados al evento producirán 10.2 mil millones de dólares en ingresos que circularán en las economías locales (Fuente: International Business Times). A escala global, el mismo estudio estima que el torneo podría sumar 40.9 mil millones de dólares al PIB mundial. (Fuente: El-balad)
Para México, el análisis de Deloitte es igualmente contundente. El torneo podría generar un impacto económico de más de 4 mil millones de dólares en el país, divididos en 1.8 mil millones en inversión en infraestructura —estadios, transporte, servicios y logística— y 2.25 mil millones derivados del consumo adicional de turistas, aficionados y hogares mexicanos. Adicionalmente, se estiman más de 112,000 empleos temporales principalmente en construcción, turismo y servicios. (Fuente: Merca20)
Lo que hace singular a este evento desde una perspectiva comercial es su estructura geográfica. A diferencia de los Mundiales anteriores, el de 2026 no debe verse como un único evento disruptivo, sino como 16 disrupciones locales distintas que se activan en secuencia. Cada ciudad sede es un mercado con su propio tejido de proveedores, operadores logísticos, regulaciones aduaneras y dinámicas de consumo.
Logística bajo presión: el reto de mover un Mundial por tres países
La coordinación tripartita entre EE.UU., México y Canadá introduce una complejidad regulatoria que pocas empresas han tenido que manejar en un plazo tan comprimido. Para las compañías internacionales, esto implica operar simultáneamente bajo las regulaciones del CBP estadounidense, la CBSA canadiense y la aduana mexicana, enfrentando al mismo tiempo congestión portuaria y aeroportuaria, controles más estrictos por razones de seguridad, mayor imprevisibilidad en los tiempos de entrega y escasez de capacidad en transporte terrestre y almacenamiento.
Un ejemplo concreto de cómo esto se traduce en decisiones de negocio: Adidas, proveedor oficial de balones del torneo y uno de los patrocinadores históricos de la FIFA, tuvo que planificar sus operaciones de distribución con más de 18 meses de anticipación, asegurando inventario suficiente en tres jurisdicciones aduaneras distintas y coordinando activaciones de marca en ciudades que van desde Vancouver hasta Guadalajara. Los ingresos por patrocinios del torneo se esperan en 2.8 mil millones de dólares, mil millones más que en Qatar 2022, según International Business Times lo que da una idea del apetito comercial de las marcas globales y del volumen de material promocional, licenciado y de merchandising que debe moverse a través de estas cadenas.
Otro caso ilustrativo es el de las empresas de transporte y movilidad. Desde el partido inaugural en Ciudad de México, que detonará una oleada de contrataciones en hospitalidad y logística de transporte, hasta la final en el MetLife Stadium en Nueva Jersey, cada sede requiere un despliegue coordinado de personal, equipos y operaciones de seguridad. Las firmas de transporte terrestre en corredores como el eje CDMX-Guadalajara o el triángulo Dallas-Houston-Kansas City están ajustando tarifas y capacidades desde ya, anticipando picos de demanda sin precedentes.
Los sectores con más oportunidad
Más allá del fútbol en sí, hay sectores que históricamente capturan la mayor parte del valor económico de un Mundial y que en 2026 tienen condiciones especialmente favorables.
El primero es el de hospitalidad y alimentos. El sector gastronómico en México, por ejemplo, podría generar más de 562 millones de dólares en ingresos adicionales durante el torneo, y esto se replica con distinta intensidad en cada ciudad sede. Hoteles, restaurantes, servicios de catering para Fan Fests y operadores de experiencias turísticas son los beneficiarios directos más visibles. La clave para los operadores medianos y pequeños es la anticipación: la demanda de alojamiento en ciudades como Los Ángeles, Miami o la propia Ciudad de México ya está mostrando ajustes de precio que reflejan la expectativa del evento.
El segundo sector es el del transporte, la logística y el almacenamiento. La demanda de conductores, personal de tránsito y coordinadores logísticos en los principales aeropuertos y hubs de conexión hacia las sedes —como DFW, LAX o el Aeropuerto Internacional Benito Juárez— se dispara de manera significativa durante el torneo. Daily Soccer Picks Las empresas de freight forwarding, operadores de última milla y proveedores de almacenamiento temporal son actores críticos que operan, muchas veces, sin la visibilidad pública que tienen las marcas, pero con márgenes muy atractivos durante eventos de esta magnitud.
El tercer sector es el de tecnología e infraestructura digital. Eventos de alto impacto como el Mundial requieren soluciones de ciberseguridad, control de accesos, IoT, videovigilancia, gestión de visitantes, ticketing y análisis en tiempo real. Empresas tecnológicas e integradores de infraestructura digital tienen una ventana privilegiada para posicionarse, no solo como proveedores del evento, sino como referencias para contratos posteriores en ciudades que habrán modernizado sus capacidades.
El cuarto es el retail y el merchandising. Dos de cada tres mexicanos planean ver el torneo, convirtiendo al evento en un poderoso detonador de gasto en múltiples categorías, tanto dentro como fuera del hogar. Esto incluye desde electrónicos y pantallas hasta indumentaria deportiva, alimentos y bebidas, y artículos promocionales. Para fabricantes y distribuidores de consumo masivo, el Mundial es una oportunidad de rotación acelerada de inventario si la cadena de abastecimiento está correctamente dimensionada.
Lo que diferencia a quien aprovecha el momento
El patrón que se repite en cada edición del Mundial es que las empresas que capturan valor real no son necesariamente las más grandes, sino las que planearon con suficiente anticipación. En 2026, esa anticipación significa haber ajustado inventarios, asegurado capacidad logística, tramitado habilitaciones aduaneras y firmado contratos de servicio antes de que la demanda se concentre. Las organizaciones que planifican de manera proactiva estarán mejor posicionadas para mantener la continuidad operativa y capitalizar las oportunidades comerciales del evento.
Para las empresas latinoamericanas, y especialmente las colombianas con vocación exportadora o con operaciones en la región norteamericana, el Mundial 2026 representa algo más que un evento deportivo: es un escenario donde la cadena de suministro, la capacidad logística y la inteligencia comercial se ponen a prueba a escala global, y donde quienes estén listos pueden escribir una historia de negocio que va mucho más allá de los 90 minutos.
El Mundial 2026 no es una oportunidad que se abre el 11 de junio y se cierra el 19 de julio. Es una ventana que ya está abierta y que, para muchas empresas, puede ser el detonador de un proceso de internacionalización que trascienda el evento. La clave está en entender que el torneo no es el destino, sino el pretexto.
El primer tip es reencuadrar el Mundial como un mercado de prueba. Exportar un producto o servicio a una de las 16 ciudades sede, así sea en volúmenes pequeños, permite a una empresa colombiana o latinoamericana validar su propuesta de valor en un entorno internacional de alta exigencia, construir relaciones con distribuidores o socios locales y obtener referencias comerciales que abren puertas mucho después de que el torneo termine. Una empresa de alimentos que logra colocar su producto en un Fan Fest en Miami no solo vende: aprende cómo funciona la distribución, qué exigen los compradores locales y cómo posicionarse en ese mercado de forma sostenida.
El segundo tip es activar los instrumentos de promoción comercial que ya existen. Diversas entidades cuentan con programas específicos de apoyo a exportadores hacia mercados de alto potencial, y el contexto del Mundial eleva el interés de contrapartes estadounidenses, mexicanas y canadienses por proveedores regionales. Participar en misiones comerciales, ruedas de negocios o agendas de encuentros B2B organizadas alrededor del torneo es una forma estructurada de llegar a compradores que de otro modo serían inaccesibles. El evento genera una disposición natural al encuentro y a los acuerdos que no existe en un contexto comercial ordinario.
El tercer tip es pensar en servicios, no solo en productos. La internacionalización no requiere necesariamente exportar una caja. Empresas de tecnología, consultoría, diseño, producción audiovisual, seguridad o gestión de eventos pueden posicionarse como proveedores de conocimiento y capacidad para operadores que necesitan escalar rápidamente sus servicios durante el torneo. Este tipo de exportación de servicios es muchas veces más rentable, más rápida de ejecutar y deja relaciones comerciales de largo plazo.
En síntesis, el Mundial 2026 es quizás el mayor laboratorio de internacionalización que la región habrá tenido en décadas. Las empresas que lo aprovechen no serán las que reaccionen cuando el partido ya empezó, sino las que hoy están identificando en cuál ciudad sede está su cliente, qué necesita, cuándo lo necesita y por qué deberían comprárselo a ellas. Esa es la verdadera jugada de negocio.
(*) Experta en #Internacionalización de empresas, consultora externa de Procolombia, Autora de 3 Best Seller de Amazon, Mentora certificada, Conferencista internacional, Docente de posgrados, viajera del mundo.
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